La naciente economía mundial exige que prestemos mayor atención científica seria a los descubrimientos que favorecen el aumento de la productividad humana en un mundo laboral siempre cambiante y que tecnológicamente se perfecciona continuamente. Los cambios económicos, sociales, políticos, psicológicos, demográficos y ecológicos que tienen lugar en el mundo nos obligan a evaluar de nuevo los conceptos de trabajo, estrés y agotamiento en la población activa.
En el medio laboral, los niveles excesivos de estrés pueden tener consecuencias desfavorables tanto para la organización como para el individuo. El estrés está determinado por las situaciones potencialmente estresantes, o factores ambientales, y las características del individuo que valora la situación con que cuenta para afrontarla.
El síndrome clínico de burnout fue descrito por primeras vez en 1974 por el psiquiatra americano H. Freudenberger, que lo definió como “estado de fatiga o frustración que se produce por la dedicación a una causa, forma de vida o relación que no produce el esperado refuerzo” (1) .
Posteriormente la psicóloga social Cristina Maslach y Jackson adoptaron este mismo término dada su gran aceptación social, y elaboraron en 1986, la que probablemente sea la definición más conocida y aceptada de este síndrome “síndrome de agotamiento emocional, despersonalización y baja realización personal, que puede ocurrir entre individuos que trabajan con personas”. De manera especial, los que trabajan en tareas de servicio social y están comprometidos en ayudar a otras personas como es el caso de los trabajadores sociales, los psicólogos, los maestros, las enfermeras, médicos, abogados, etc., son personas que tienen la expectativa de contribuir positivamente en el mejoramiento de las condiciones de aquellos a quienes sirven. Y muchas veces esas expectativas se constituyen en el origen de sus fracasos como profesionales.
Andreas Gehmeyr (1993) dice que la ironía del burnout es que sucede a la misma persona que previamente era un profesional con mucho entusiasmo, ideas y despliegue de energía. Esta persona abriga expectativas muy altas con respecto al logro de ciertos propósitos. Transcurre el tiempo sin los resultados esperados y en vez de que la persona revise esos propósitos y revalore su realidad, se frustra al insistir en una situación que esta fuera de sus posibilidades reales. El burnout se desarrolla a partir de la tensión que se da al asumir la atención hacia los problemas de otros.
Este síndrome ha sido estudiado con gran interés por innumerables autores desde principios de los ochentas, y una buena parte de ellos ha utilizado como instrumento de medición el instrumento denominado Maslach Burnout Inventory (MBI) que fue desarrollado por Maslach y Jackson (1981). Este instrumento supone al burnout como un constructo tridimensional constituido por la sensación de agotamiento emocional, una actitud de desinterés por las personas en el trato profesional (despersonalización) y un sentimiento de improductividad o falta de logros en el desempeño profesional, y es utilizado para hacer observaciones entre profesionales que trabajan en servicios humanos.
Lo cierto es que el MBI se ha usado ampliamente para evaluar burnout (BO) en diferentes profesiones y países: Alemania, Australia, Canadá, España, E.U.A., Francia, Gran Bretaña, Holanda, Italia, Polonia, Jordania, Zimbawe, etc.(Gil- Monte, Peiró, 1997). Aunque se le han objetado algunos problemas de traducción, lo que puede explicar diferentes valores psicométricos encontrados y disparidad en los estudios. Se imponen estudios transculturales, obviando esta dificultad.
Aunque el MBI fue diseñado inicialmente para profesionales de la salud, se han realizado muchas adecuaciones para maestros y profesores como: el Educators Survey (ES) o MBI forma Ed de Schwab que ha obtenido buenos valores psicométricos en varios estudios (Iwanicki, Schwab, 1986) y el Collage Student Survey (CSS), de Gold y cols. Golembiewski y cols. (1988) adaptaron también el MBI parea directivos y profesionales que no son de servicios de ayuda, en 23 ítems. Por otra parte se ha utilizado una versión de 22 ítems, reemplazando el término paciente por compañero, obteniendo aceptables valores psicométricos para las subescalas.
La versión hispana más empleada en Cuba ha sido el Cuestionario Breve de Burnout (CBB), elaborada por Moreno y cols (1992), compuesto por 21 ítems que estiman 7 dimensiones: RP (realización personal), AE (agotamiento emocional), DP (despersonalización), tedio, características de la tarea, clima organizacional y las repercusiones del BO en la calidad de vida del sujeto, especialmente en sus relaciones interpersonales. El Cuestionario del Burnout del profesorado (CBP), con 75 ítems, 2 preguntas abiertas, 11 descriptores de salud física y 9 referencias sociodemográficas y profesionales, ha obtenido valores aceptables de consistencia interna, validez concurrente, discriminante y factorial en profesores de enseñanza media (Oliver, 1993).
En España, Vega, Pérez Urdaniz y Fernández Cantí, han utilizado la expresión Síndrome de Desgaste Profesional (SDP) para referirse al mismo concepto que Maslach y Jackson.
El SDP o burnout engloba una serie de conductas (deterioro del rendimiento, pérdida de responsabilidad, actitudes pasivo-agresivas con los alumnos o pacientes y pérdida de motivación), en las que se implicarían tanto factores internos (valores individuales y sociales, rasgos de personalidad) como externos (organizacionales, laborales, grupales).
En resumen, el burnout o SDP está caracterizado por 5 factores comunes a las distintas definiciones formuladas que son:
· Síntomas disfóricos, sobre todo de agotamiento emocional
· Alteraciones de conducta como evasividad, ausentismo, conductas adictivas
· Síntomas físicos de estrés psico-fisiológico como cansancio hasta el agotamiento, malestar general junto con técnicas paliativas reductoras de la ansiedad residual, como las conductas adictivas que a su vez influyen en el deterioro de su calidad de vida.
· Es un síndrome clínico laboral que se produce por la inadecuada adaptación al trabajo, aunque se dé en personas consideradas presuntamente normales.
· Sus manifestaciones son: menor rendimiento laboral, y por vivencias de baja realización personal, de insuficiencia, ineficacia laboral, desmotivación y retirada organizacional.
El SDP o burnout afecta sobre todo a aquellos profesionales que trabajan en contacto directo con el público. De entre estos, afecta más a aquellos que llevan menos tiempo trabajando, a los trabajadores jóvenes idealistas, a las mujeres ya que manifiestan una mayor necesidad de demostrar su valía profesional y a los solteros por tener menos amparo de tipo emocional. En pocas palabras, a todos aquellos que tengan un alto grado de autoexigencia con baja tolerancia al fracaso, busquen la perfección absoluto, necesitan controlarlo todo en todo momento o desarrollen un sentimiento de indispensabilidad laboral y sean muy ambiciosos.
En estos individuos se produce una discrepancia entre los ideales y expectativas individuales, por un lado, y la realidad de la vida profesional, por otro, lo que da lugar a un trastorno de adaptación crónico resultante de un estrés laboral crónico.
El SDP o Burnout se manifiesta como un grupo de síntomas cognitivos, conductuales, somáticos y emocionales, junto con un intenso malestar personal así como un deterioro social significativo. En el ámbito clínico se puede expresar de diferentes formas según los síntomas predominantes: tipo ansiedad, tipo depresión o ambas así como con predominancia de las alteraciones de la conducta que pueden ser respecto al desempeño de la actividad profesional (ausentismo, bajo cumplimiento de su función) o a otro nivel (alcoholismo, consumo de sustancias tóxicas)
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Mtro. Carlos Fuentes Bagaría charlyfuentes@yahoo.com.mx
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